La situación en la clínica de González Catán se tornó violenta cuando Damián, hijo de una víctima, intentó reclamar por la reapertura del establecimiento y fue agredido por personas que salieron del interior.
La fiscalía determinó que estudiantes de medicina y enfermeros, utilizando sellos y matrículas presuntamente obtenidas de forma irregular, confeccionaban certificados médicos, aparentando idoneidad profesional.
Se investiga la posible conexión de la organización con una banda dedicada a "piratas del asfalto", y se secuestraron armas en una de las clínicas, sumando irregularidades al caso.
La clínica, denunciada por mala praxis y funcionamiento ilegal, continuaba abierta al público, generando indignación y temor en la comunidad.