El gobierno actual de Bolivia acusa al de Evo Morales de no haber combatido el narcotráfico, señalando que durante su gestión se incrementaron las plantaciones de coca y no se detuvo a ningún narco. Se menciona que Bolivia es un centro de distribución de drogas que llega incluso a Argentina.
Se subraya la fragilidad institucional del país, con una gran población indígena que, al salir a las calles, lo hace con todo. El presidente Paz se niega a renunciar, argumentando que representa a la minoría que lo votó y que está implementando reformas. Evo Morales, por su parte, busca voltear el gobierno para asegurar su impunidad.