Se propone una reforma radical de la Carta Orgánica del Banco Central para garantizar su independencia y evitar la intervención política.
Una de las ideas es que los 10 principales bancos del país elijan a los directores del Banco Central, quitando al presidente la facultad de nombrar o despedir a su titular.
También se menciona un proyecto de federalización del Banco Central, adaptando la política monetaria a las necesidades regionales y economías locales.