Se cuestionó duramente la capacidad de conducción de Georgina Barbarosa, sugiriendo que necesita asistencia constante a través de "cucaracha" (micrófono oculto) para saber qué decir y hacer en su programa.
Se argumentó que esta dependencia de la producción, en lugar de tener iniciativa propia, la descalifica como "buena conductora" en comparación con figuras como Florencia Peña, quien sí demostró tener "labia propia" y desenvoltura al frente de programas.