Se narra la historia del Rolex Oyster, el primer reloj verdaderamente hermético, y las estrategias de marketing de Hans Wilsdorf para comunicarlo.
El caso paradigmático es el de Mercedes Gleitze, quien en 1927 cruzó a nado el Canal de la Mancha. Tras dudas sobre su récord, emprendió un nado de reivindicación, acompañada por Rolex.
Rolex equipó a Gleitze con un Oyster, demostrando su resistencia al agua. A pesar de que ella no logró su objetivo por las bajas temperaturas, la hazaña sirvió para posicionar a Rolex como marca preferida de deportistas de élite y para establecer su reputación mundial como relojera resistente al agua.