Se reitera que la mayor bendición de la generosidad es el crecimiento en la relación con Dios. La ofrenda es vista como un regalo de Dios, una "gracia" o favor inmerecido, y no como un regalo que uno le hace a Él.
La Biblia enseña que retener más de lo justo lleva a la pobreza, mientras que la generosidad conduce a la riqueza y prosperidad, tanto en esta vida como en la próxima, incluyendo la vida eterna.
Se enfatiza que la motivación para ofrendar no debe ser recibir bendiciones, sino ofrendar porque ya se es bendecido, agradeciendo el amor de Dios demostrado en la entrega de Jesucristo. La ofrenda es una respuesta a la salvación y adopción en la familia de Dios.