Erika Soriano no se presenta a almorzar con su familia, lo que genera preocupación. Los intentos de contacto por teléfono a lo largo del día resultan infructuosos, tanto a su celular como al teléfono fijo de la casa donde vivía con Daniel.
La ausencia de Erika a un compromiso familiar y la falta de respuesta a las llamadas generan una creciente inquietud. La familia comienza a sospechar que algo grave ha sucedido.