Irán mantiene su postura amenazante respecto a un posible ataque, declarando que el mar de Omán será la tumba de sus agresores. Las negociaciones no avanzan, con propuestas similares entre las partes y sin puntos en común.
La situación de Irán, descrito como "herido" y "enojado", genera preocupación regional. Los países del Golfo, principales interesados en una resolución, ejercen presión interna y externa sobre el gobierno iraní.
La escalada de tensión coincide con la cercanía de las elecciones de noviembre en Estados Unidos, la subida de la inflación y el precio del petróleo, factores que aumentan la presión interna sobre el gobierno.