La familia de Erika Soriano mantiene la esperanza de encontrarla con vida, a pesar de las circunstancias. La investigación apunta cada vez más hacia Daniel Agostena como principal sospechoso.
La hermana de Erika expresa su incredulidad ante la situación y destaca la conmovedora ayuda de la gente a través de las marchas, lo que les brinda aliento y fuerza para continuar la búsqueda.
Desde el principio, la desconfianza hacia Daniel fue un sentimiento latente. Los conflictos previos, el embarazo y la dinámica de la relación generaban dudas sobre su bienestar.