Se generó un fuerte debate sobre el federalismo, los subsidios y la distribución de recursos entre la Capital Federal y el interior del país. Quienes defienden la perspectiva del interior argumentan que históricamente los beneficios, universidades y mejores salarios se concentraron en Buenos Aires, mientras que las provincias sufren mayores costos de vida y salarios más bajos.
Se cuestionó la estructura de subsidios, especialmente en servicios como el gas y la electricidad, señalando que el déficit se generaba por regalar estos recursos a la población, incluyendo a sectores de altos ingresos. Se mencionó que el kirchnerismo y otros gobiernos tampoco supieron cómo revertir este sistema, que se volvió perverso y centralista.
Por otro lado, se defendió la perspectiva porteña, argumentando que la Capital Federal es la que más impuestos aporta y menos recibe en coparticipación. Se destacó que Buenos Aires ofrece mejores servicios en salud y educación, y que no cobra ingresos brutos, lo que atrae profesionales y empresas. Se criticó el discurso "antiporteño", calificándolo de falaz y comparándolo con la hipocresía de quienes se quejan de la ciudad pero la eligen para vivir y trabajar.
El debate también abordó la situación de los inmigrantes, con posturas encontradas sobre si deben tener los mismos derechos y beneficios que los ciudadanos nativos. Se planteó que los países desarrollados protegen a sus ciudadanos primero, y que Argentina, al permitir el ingreso indiscriminado y no poner trabas, se perjudica a sí misma. Se mencionó la experiencia de otros países que regulan la inmigración y protegen sus economías.