La cumbre entre Vladimir Putin y Xi Jinping en Pekín se destaca por un estricto y equilibrado protocolo, con ambos mandatarios vistiendo trajes azules y corbatas rojas, similar a lo observado con Donald Trump. Se busca proyectar una imagen de paridad y respeto mutuo.
Analistas señalan que la reunión, aunque marcada por la formalidad, busca reforzar la alianza estratégica entre Rusia y China en un contexto de reconfiguración del orden global. La visita de Putin se da pocos días después de la de Trump, evidenciando el rol de China como centro diplomático.
Se observa la particular forma de caminar de Putin y su mano derecha inmovil, atribuida a su pasado en la KGB. Se destaca su perfil tranquilo y entrenado, en contraste con el estilo más exhibicionista de Trump. La cumbre subraya la solidez de la alianza ruso-china frente a la presión de Estados Unidos y Europa.