La economía boliviana se encuentra en una profunda crisis desde que asumió el presidente Rodrigo Paz. Se ha eliminado el subsidio al combustible, provocando un disparo en el precio de la gasolina y la nafta, lo que a su vez ha encarecido drásticamente los alimentos. El pan, por ejemplo, ha subido de 50 centavos a un boliviano en algunas zonas.
Los transportistas denuncian que la gasolina de mala calidad importada por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos está arruinando los motores de sus vehículos. La situación ha llevado a bloqueos generalizados y escasez de productos básicos como huevos y carne. La alcaldía de La Paz ha informado que no hay diésel para los camiones recolectores de basura, evidenciando la parálisis de servicios esenciales.