Se reiteró que Míapi y Ramírez visitaron a la abuela Catalina en varias ocasiones previas a la desaparición de Loan, no solo la semana anterior. Catalina era conocida como curandera y consejera espiritual, y ellos acudían a ella por apoyo.
Llevaban bebidas alcohólicas y provisiones a Catalina, como devotos de San Antonio de Padua. Fueron invitados al almuerzo ese día, pero Ramírez y Míapi no conocían a Loan previamente y no sabían que estaría allí.
Se mencionó que conocían la casa de la abuela, pero no el naranjal, que se encontraba a unos 500 metros y de difícil acceso. La defensa insiste en que sus clientes no tuvieron participación en la desaparición del niño.