En Bolivia, un conflicto social y político pone en jaque al gobierno de Rodrigo Paz. Sectores que apoyaron su elección con el 55% de los votos ahora exigen su renuncia, generando múltiples bloqueos y enfrentamientos.
La politóloga Susana Bejarano explicó que el origen del conflicto radica en que el presidente Paz no ha logrado conformar un gabinete que represente la votación popular, intentando "reconstruir el Estado oligárquico" de los años 90. Esto ha generado el descontento de los sectores sociales que lo llevaron al poder, como las organizaciones de las tierras altas y la "nueva burguesía chola".
Evo Morales, si bien se suma a las protestas, no es el actor principal, sino que capitaliza la situación. La narrativa oficial de desestabilización impulsada por Estados Unidos y el supuesto financiamiento narco ha perdido fuerza, ya que la base de las protestas reside en la sensación de traición por parte del gobierno electo.
La crisis se agrava por problemas económicos, incluyendo la importación de combustible de baja calidad que arruinó motores y la persistencia de colas por diésel a pesar de la eliminación de subsidios. Además, la anulación de la candidatura de un contendiente en las elecciones regionales exacerbó la sensación de fraude y robo electoral.