La independencia económica para los jóvenes argentinos se ha vuelto cada vez más difícil debido al aumento del costo de vida. Muchos jóvenes de 30 años aún viven con sus padres, una situación que antes era inusual.
El acceso a la vivienda, la compra de bienes durables como heladeras (que han multiplicado su precio por diez en cuatro años) y otros gastos básicos se han vuelto inalcanzables para muchos. Esto genera una conciencia tardía sobre la administración del dinero y las responsabilidades financieras.