La industria vitivinícola de Sudáfrica, una de las diez más grandes del mundo, depende en gran medida de ecosistemas intactos y condiciones climáticas favorables, influenciadas por fenómenos como el "mantel" de nubes sobre la Montaña de la Mesa.
En viñedos como Klein Constancia, el clima templado, los vientos constantes y los suelos ricos en nutrientes, derivados de la erosión de la montaña, son determinantes para la calidad del vino. El mantel, al indicar vientos frescos del sureste, ralentiza la maduración de las uvas, permitiendo el desarrollo de aromas más intensos y un equilibrio perfecto en vinos como el Chardonnay. La agricultura de secano, practicada en la región, resalta la importancia de la humedad proveniente de las nubes.
El proceso de elaboración del vino, supervisado por enólogos como Craig Harris y Matthew Day, combina experiencia y condiciones naturales. La calidad del producto final se ve directamente beneficiada por la influencia del mantel en el clima de cultivo, asegurando cosechas de uvas con características únicas.