María O'Donnell aborda la creciente violencia verbal en el discurso político y mediático, particularmente en relación con Javier Milei. Señala que, si bien existe un patrón de enojo y furia, los ataques a veces pierden proporción, como cuando a Débora Pláger se la llamó "asesina" por su postura a favor de la legalización del aborto.
La periodista expresa su debate interno sobre cómo manejar estas situaciones: si ignorarlas o exponerlas para evitar que se naturalicen. Reconoce la dificultad de establecer un límite ante la crudeza de ciertas expresiones y la tendencia de los medios a veces a suavizarlas o editarlas.
O'Donnell critica la falta de criterio de realidad en algunos insultos y la dificultad de frenar estas "barbaridades". Menciona que, incluso en otros contextos de barbarie, nunca se había visto un nivel similar de violencia verbal, que llega a licuarse por la repetición y la aparente indiferencia.