El video del brutal ataque a Kevin, un joven de 15 años, genera indignación y cuestionamientos sobre la inacción policial y del SAME presentes en el lugar.
Las imágenes muestran a un hombre golpeando salvajemente al menor, mientras efectivos policiales y personal médico observan sin intervenir de manera efectiva. Se critica la pasividad de las autoridades ante un acto de violencia extrema, incluso si el joven fuera considerado un delincuente.
Se debate la responsabilidad de los intervinientes y se plantea que la policía debería haber evitado la agresión, independientemente de las circunstancias o antecedentes del agredido. La actuación de los uniformados es calificada como incomprensible y preocupante.
La discusión se centra en la violencia desmedida del agresor, quien colocó su rodilla en el cuello del joven y lo golpeó en el rostro. Se subraya que, independientemente de si Kevin era delincuente o no, el accionar del atacante lo convierte en un violento que actuó por encima de la autoridad policial.