El expresidente de Bolivia, Evo Morales, emitió comunicados en redes sociales culpando a Estados Unidos y otros presidentes sudamericanos por la revuelta actual, negando estar impulsándola y acusando a otros de querer disfrazar un golpe de estado. Morales se encuentra en Cochabamba, su bastión, resistiendo procesos judiciales en su contra y promoviendo disturbios a través del movimiento campesino que lidera.
Los seguidores de Morales exigen el cese de los procesos judiciales contra él y rechazan una reforma constitucional impulsada por el presidente Paz. Se describe la situación como antidemocrática, con Morales utilizando la violencia para presionar al gobierno actual y eludir una orden de captura. A pesar de tener un partido fracturado, Morales busca un retorno al poder.