Agustí Fernández explica que siempre creyó en corresponder a su talento y pasión por el tenis, sintiendo la responsabilidad de hacerse cargo de sus habilidades. Admite haber llegado al límite por autoexigencia, pagando un precio por ello.
Reconoce que la parte obsesiva y competitiva aún le pasa factura, pero ahora busca un equilibrio entre la obsesión por la excelencia y su bienestar y salud. Entiende que sus veintes estuvieron dedicados a la obsesión y sus treintas estarán más enfocados en su salud.