Se señala que la tendencia a usar ropa usada o en mal estado en los trabajadores es un indicador de la situación económica del país, ya que no hay dinero para invertir en indumentaria nueva.
Se argumenta que, si bien nadie desea ir a trabajar de gala, la vestimenta refleja la capacidad de inversión del trabajador. Esto se observa tanto en la ropa como en las zapatillas.
Se critica la idea de que las autoridades no tengan en cuenta estos indicadores, ya que reflejan una necesidad real y no un capricho.