Romina, madre de Kevin, relata con dolor su lucha contra el consumo de marihuana de su hijo de 15 años y su intento por alejarlo de las "malas juntas". Reconoce que su hijo consumía y que ella trabajaba activamente con la escuela para guiarlo, a pesar de tener que sostener el hogar y a sus otros cuatro hijos.
Aunque admite que no puede garantizar el comportamiento de su hijo en el momento exacto del incidente, enfatiza que nada justifica la violencia extrema que sufrió. Expresa su frustración ante las versiones que circulan y pide justicia, mientras lamenta la facilidad con la que los jóvenes acceden a las drogas.