Ingo Hasselbalch, ex neonazi apodado "el Führer de Berlín", relata cómo las organizaciones de extrema derecha encontraron terreno fértil para reclutar jóvenes en la Alemania Oriental post-RDA. La caída de estructuras rígidas y la falta de sustitución generaron un vacío aprovechado por estos grupos.
Hasselbalch describe su visión de sí mismo como "soldado político" y la sensación de poder que sentía. Tras el aumento de ataques y asesinatos, abandonó el movimiento, pero la violencia continuó. La falta de ley y orden en ese periodo facilitó la proliferación de ideologías extremistas.