La relación entre Estados Unidos y Cuba se caracteriza por una oscilación entre amenazas y negociaciones. Washington intensifica las sanciones y lanza advertencias, mientras La Habana responde con gestos conciliadores sin ceder en su sistema político. El gobierno cubano considera las sanciones estadounidenses como la causa de su crisis económica.
Analistas describen la escalada retórica desde Washington como la más grave en décadas, generando preocupación sobre posibles acciones militares contra Cuba. Las declaraciones de Trump, ampliando sanciones y bloqueando envíos de petróleo, han agravado la situación. Aunque una intervención a gran escala no parece probable, se barajan operaciones de impacto limitado.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha sido una voz dura en la administración. Recientemente, Trump cambió su tono, reconociendo conversaciones con La Habana y mencionando que Cuba es un país en quiebra. La ONU, por su parte, considera las sanciones una violación del derecho internacional y expresa preocupación por la situación humanitaria en la isla, descartando una solución militar.