Alejandra, propietaria de una casa amenazada por el mar, expresa su resignación y aceptación ante la situación, reconociendo que compró en una zona de riesgo.
Afirma ser consciente de que el mar sube y baja, y que su sueño es disfrutar de la casa durante al menos diez años más, haciendo lo posible para alargar su vida útil.
Se considera a sí misma una "kamikaze" que disfruta de la adrenalina, y aunque sabe que la casa puede caerse, prefiere vivir la experiencia al máximo.