Jorgela Argañarás relata su transición de una carrera en la comunicación y prensa de artistas a dedicarse por completo a la pintura frente al mar patagónico en su casa-taller en Lobería, donde pasa largas temporadas.
Describe la decisión radical de cambiar de vida, motivada por una vocación artística que sintió desde siempre, a pesar de haber tenido éxito en su anterior profesión donde trabajó con figuras como Charlie García y Spinetta.
Comparte cómo la música fue una puerta de entrada a ese mundo, estando casada con el músico Baglietto y teniendo dos hijos cantantes. La oportunidad en Hard Rock Café marcó un punto de inflexión, pero su verdadera vocación siempre fue la pintura.
Explica el proceso creativo, la importancia de la soledad y la inspiración que encuentra en el paisaje, así como la influencia de sus sueños y lecturas en sus obras, como la serie del "caballo que sueña que es dragón".
Menciona la venta de obras a través de Instagram durante la pandemia como un impulso para dedicarse de lleno al arte, soltando la seguridad de su anterior rol profesional para abrazar el desafío de vivir de su pasión.