Las crecientes tensiones en Chipre se vieron evidenciadas por un reciente ataque a una base británica. En respuesta, Grecia desplegó cazas F-16 y otros estados europeos enviaron buques de guerra, mientras Estados Unidos incrementa su uso de la isla como centro logístico militar. Turquía, por su parte, ha aumentado su presencia militar con F-16 y sistemas de defensa aérea en el norte.
A nivel diplomático, la Unión Europea vincula el avance en las negociaciones de Chipre a un estrechamiento de lazos con Turquía, pero la relación entre ambos se ha enfriado. La República de Chipre considera a Ankara una potencia ocupante, lo que complica cualquier solución. La búsqueda de una solución a la cuestión de Chipre vuelve al centro del debate europeo en un contexto de reconfiguración de la seguridad continental.