Durante la celebración de la Santa Misa, se realizó el rito eucarístico con la consagración del pan y el vino, que representan el cuerpo y la sangre de Jesucristo.
Se elevaron plegarias por la Iglesia universal, el Papa, los obispos y los fieles difuntos, pidiendo por la unidad y la paz.
La liturgia culminó con la oración del Padre Nuestro y la bendición final, reafirmando la presencia de Dios en la vida de los creyentes.