Una mujer acusada de mantener relaciones sexuales en un avión demanda civilmente a quienes filtraron su identidad y la de su acompañante.
La versión oficial indicaba que una menor habría presenciado la escena, alertando a la tripulación. Sin embargo, la acusada niega los hechos y afirma que solo hubo una discusión por un whisky entre un pasajero y una azafata.
Alega que su vida está arruinada por la exposición mediática y que la causa penal por exhibición obscena carece de sustento. La defensa sostiene que la denuncia se originó en una falsa acusación por parte de la aerolínea o la tripulación.