El sacrificio de Cristo permite borrar esa historia de omisiones y comenzar una nueva vida. La intercesión por la familia y los seres queridos solo tiene efecto mientras la persona está viva, porque después de la muerte la oración se convierte en un eco de remordimiento.
El pecado principal de este hombre no fue por comisión sino por omisión y comodidad, lo que lo llevó a ignorar al prójimo. Hoy todavía hay tiempo para buscar a Dios y ejercer la autoridad espiritual mediante la compasión y el arrepentimiento.