El agresor de 31 años en Modena, Italia, presentaba trastornos de tipo esquizoide y asistía a servicios de salud mental, según confirmó la prefecta Fabrizia Triolo.
No tiene antecedentes penales graves ni vínculos terroristas confirmados, pero las autoridades realizan allanamientos en su vivienda para revisar dispositivos electrónicos y señales de radicalización islamista.
Expertos advierten que una vez radicalizado no hay vuelta atrás y no existen programas efectivos de desradicalización en el mundo.