La iglesia de San Ignacio de Loyola, el edificio más antiguo que se conserva en pie en Buenos Aires, fue sometida a una restauración integral que duró poco más de dos años y permitió recuperar su estructura, fachadas, retablos e imaginería original.
Los trabajos incluyeron la reparación de fisuras provocadas por una cañería rota, la instalación de un sistema eléctrico nuevo con sensores de incendio y videocámaras, la restauración de pisos de mosaico pétreo, matroneras, barandas y la recuperación de la cal original traída de Córdoba. La cúpula principal fue desmontada y la fachada volvió a su estado jesuítico original, eliminando el revoque afrancesado que se le había agregado en 1900.
Los retablos del siglo XVIII fueron intervenidos por equipos de cinco restauradores que recuperaron la pintura al óleo original y reponían los dorados con hojas de oro traídas de Italia. El púlpito y la carpintería también fueron reconstruidos siguiendo planos históricos.
Durante toda la obra la iglesia permaneció abierta al culto gracias a un sistema de andamios móviles y solo se suspendió la misa un único día. El cardenal Bergoglio, actual Papa Francisco, autorizó el cierre temporal que finalmente no fue necesario.
El monumento histórico nacional desde 1942 ya se encuentra en una tercera etapa que busca recuperar el túnel histórico y el claustro original del Colegio Real San Carlos para ponerlos en valor y abrirlos al público.