El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, atraviesa una grave crisis política tras la derrota de su partido en las elecciones locales y regionales del 7 de mayo. El Partido Laborista perdió alrededor de 1.500 cargos electivos y enfrenta una rebelión interna que pide su renuncia.
La situación se agravó por el estancamiento económico, la guerra en Medio Oriente y el escándalo del nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos. Starmer se mantiene desafiante pero con poco margen de maniobra.
Se mencionan varios precandidatos dentro del laborismo que podrían sucederlo, entre ellos Wes Streeting, Angela Rayner y Andy Burnham, en un contexto de deterioro de la gobernabilidad británica.