Cada vez más jóvenes deciden practicar celibato voluntario por un período de su vida. No se trata de falta de deseo, sino de una decisión consciente vinculada a la fe, la autoconocimiento o la superación de relaciones tóxicas.
Uno de los entrevistados, católico, asegura que el celibato le permite canalizar la energía sexual hacia sus estudios y propósito personal. Otra joven explica que tras una relación complicada eligió dejar de tener sexo para reconciliarse con su cuerpo y su vulnerabilidad.
Los participantes destacan que la castidad les da mayor libertad para elegir y construir relaciones más auténticas. Varios coinciden en que la decisión los hace sentir más dueños de sí mismos.