Corea del Norte sella ruptura histórica al reformar su constitución, sepultando la reunificación con el Sur y calificándolo como enemigo principal.
La nueva Carta Magna establece territorio soberano limitando con China, Rusia y Corea del Sur, sin definir frontera en Mar Amarillo, y blinda el mando nuclear absoluto de Kim Jong-un como jefe de Estado.
Pyongyang rechaza ofertas de diálogo de Seúl, endureciendo retórica y transformando arsenal atómico en pilar de legitimidad.