Argentina se convirtió en centro de acopio y almacenamiento de droga para Europa, con entrada masiva desde Perú y Bolivia vía Salta, Jujuy y Santa Fe en avionetas de 300-400 kilos, y ahora se advierte sobre puertos fluviales descuidados que facilitan el narcotráfico.
En Perú, 200 clanes familiares producen 300 kilos diarios en el valle del Apurímac, que viajan a Bolivia y Brasil antes de ingresar a Argentina; en Bolivia, Santa Cruz tiene 200 escuelas de pilotos narcos con cursos de 2-4 meses a 25 mil dólares. Los narcos fraccionan y distribuyen en la Ciudad de Buenos Aires, pero el acopio ocurre en jurisdicciones con escasa presencia policial.
En barrios del conurbano como Fuerte Apache, La Tablada y Carcova, los narcos ocupan espacios del Estado e iglesia, prestan dinero a tasas usureras a personas necesitadas por la crisis económica, con represalias violentas como homicidios por deudas. Rosario muestra narcoestados, pero CABA baja delitos con saturaciones policiales y despliegue intensivo.
La percepción de inseguridad es mayor en conurbano que en CABA, donde datos oficiales muestran descenso; expertos coinciden en que donde falta Estado, avanza el crimen organizado, agravado por pobreza y endeudamiento informal.
Ministro Piñero destaca operativos diarios, respeto a policías y trabajo conjunto con provincia, mientras panelistas debaten si hay narcoestados en villas bonaerenses.