Señala diferencias culturales donde los hombres tienen más 'permiso' social, pero enfatiza que nadie quiere sentirse mala persona y que las excusas como 'me enamoré' son autoengaños; la fidelidad requiere gestionar deseos naturales hacia otros, comunes en entornos laborales.
Para reparar el daño, que genera un trauma similar, la parte infiel debe ofrecer transparencia total: explicar qué pasó, cortar todo contacto con la tercera persona, dar acceso a teléfono o cuentas por un tiempo y tener paciencia en charlas incómodas. Así, muchas parejas no solo superan la crisis sino que fortalecen el vínculo y reavivan la pasión.