Laura Fernández asumió como segunda presidenta de Costa Rica, encomendando el país a la Virgen de Los Ángeles y prometiendo mano dura contra el crimen organizado, inspirada en Nayib Bukele con una megacárcel estilo Secot.
Se autodenomina heredera de Rodrigo Chávez, sancionado por acoso sexual. Mantendrá legado antiderechos: eliminó guías educación sexual, criticadas por promover perversión en niños, y promovió penas mayores para aborto, legal solo terapéutico.
Provocó protestas feministas y rechazo de derechos humanos.