El licenciado Antonio Porcelli define la infidelidad como ruptura de exclusividad sexual o emocional con secreto e intimidad, construida por microinfidelidades graduales que se evitan cuidando límites con terceros.
Advertencia contra imaginar vida con otra persona o comparaciones, común en entornos laborales; culturalmente más tolerada en hombres, pero daña familias y requiere transparencia total para reparar el trauma.
La fidelidad gestiona deseos naturales hacia otros; reparación posible con compromiso, paciencia en charlas incómodas y acceso a teléfono o cuentas para reconstruir confianza.
Detrás hay autoengaños como "no me valoran", pero nadie quiere ser mala persona; estadísticas muestran infidelidad en ambos géneros pese a dobles estándares culturales.