Las autoridades mexicanas hundieron de forma deliberada el buque ARM Onjuku, regalo de Japón en 1978, en las costas de Tamaulipas para preservar la vida marina.
La operación se realizó con un descenso lento mediante inundación controlada, evitando un hundimiento abrupto, y transformando la estructura metálica en un refugio para corales y vida marina.
El buque pasó por un proceso de limpieza y acondicionamiento previo, con énfasis en el control ambiental y la producción de oxígeno mediante arrecifes de coral.