Las cirugías estéticas se han democratizado gracias a avances tecnológicos, permitiendo que más mujeres accedan a procedimientos como Botox, liposucción y aumentos de busto. Sin embargo, este acceso despierta un debate entre la autonomía personal y la presión social que vigila los cuerpos femeninos.
Profesionales de teología y bioética llaman a más diálogos sobre la salud estética, mientras algunos la desaconsejan por presiones culturales. El Vaticano condenó el culto al cuerpo modificado, argumentando que convierte al cuerpo en un objeto poseído.
Ejemplos como la actriz Iborique Elok ilustran la expectativa de someterse a estiramientos faciales antes de los 35 años para competir en el mercado laboral. Las cirugías ya no se ocultan y se lucen con orgullo, impulsadas por la longevidad laboral.