La fiscal Viviana Fein fue procesada por encubrimiento agravado en la muerte del fiscal Alberto Nisman el 18 de enero de 2015, porque 83 personas ingresaron sin protocolos a la escena del crimen, pisaron sin protección, tocaron el arma con los dedos y manipularon objetos sin guantes, contaminando todas las pruebas en un departamento desordenado.
El conductor relató su teoría de que Nisman fue asesinado, no suicidado, por dos agentes dobles iraníes o vinculados que eran amigos suyos; primero lo torturaron con armas electromagnéticas para que hablara y luego le dispararon con un arma del calibre 22, en una historia triste y horrible que él contó desde 2015 arriesgándose sin esperar premios.
Los asesinos quedaron en el edificio según descubrimientos recientes, eran colaboradores locales de países extranjeros como sicarios enviados para la misión, similar a comandos que mataron en olimpiadas; pidió meter en cana a Fein, investigar el caso Nisman porque ese lunes iba a hacer saltar al gobierno, en el único país que mata fiscales federales sin vergüenza.
La justicia odiaba a Nisman en privado llamándolo trepador de mierda, el tema está parado para no hacer caer a muchos incluyendo a la señora con dos pulseras; nunca se vio la computadora que manejaba Lagomarsino ni la memoria de la denuncia contra el pacto con Irán que el pueblo debió conocer.
Cerró harto de marchas con mismas caras que avalaron saqueo 20 años, conoció espías y alcahuetes, persuadido que no fue suicidio ni Lagomarsino inocente, criticando a Milani, Bonafini y Carlotto por hipocresía.