El fuerte viento en Tenerife complica el desembarco final de los pasajeros del crucero afectado por hantavirus, conocido como el crucero del terror.
Los pasajeros bajan en gomones desde el crucero fondeado y son recibidos en tierra por unidades de emergencia españolas, con testeo de temperatura antes de subir a buses hacia el avión holandés.
Las condiciones climáticas, similares a las tormentas vistas en Argentina, obligan a usar grúas y remolcadores para estabilizar el barco, alargando el proceso.