La Villa San Petersburgo en Isidro Casanova, Matanza, es un barrio de pistoleros con tiroteos diarios, murales de muertos jóvenes y vecinos que conviven con robos y drogas como el paco.
Vecinos testifican pérdida de hijos por balaceras, choques intencionales y adicciones; uno perdió al hijo de 18 años de un disparo en la cabeza al asomarse, sin detenidos, y madres lloran la falta de oportunidades laborales por antecedentes.
Entrevistados relatan historias de padres asesinados, madres presas, bandas por territorio y la droga como causa principal; jóvenes salen del delito con música rap pero discriminación laboral persiste en el barrio picante de 60 años.
Periodista Pablo destaca naturalización de la muerte, murales de adolescentes caídos y escenografía de autos robados; vecinos piden oportunidades para romper ciclos de violencia y adicción.
El Estado es acusado de ignorarlos salvo en elecciones, tratándolos como números de urna sin servicios básicos como luz, agua y cloacas.