Una ciclogénesis con vientos fuertes del sur impactó la panza bonaerense desde Mar del Plata hasta Montehermoso, generando espuma marina que invadió playas y ciudades como Quiquén. El mar crecido y revolucionado por el viento produjo olas de fondo de 7 metros mar adentro.
La espuma, yodo marítimo agitado, avanzó 100-150 metros tierra adentro destruyendo balnearios y paradores. Quiquén, con puerto profundo y 15-20 mil habitantes, sufrió daños mayores al recibir el viento de frente.