En la final del Mundial 1950 en Maracaná, 200.000 personas presenciaron la derrota brasileña 2-1 ante Uruguay, duplicando la capacidad actual del estadio.
El arquero Moacir Barbosa se recluyó, quemó los arcos de madera en hoguera para romper maldición y en 1993 lo rechazaron en concentración por mala suerte.
Barbosa Bigode se disfrazó de garota para escapar linchamiento; Alcides Ghiggia vagó días por Río por vergüenza; Cícero se encerraba cada aniversario.
Tras derrota con camiseta blanca, concurso cambió a verde-amarela; maldición disipada con Pelé en 1958.