El crucero Polar Omnius con brote de hantavirus llegó a Tenerife en Islas Canarias después de varar en Cabo Verde, con un matrimonio neerlandés, una mujer alemana y otros fallecidos, y ocho hospitalizados en varios países. Partió de Ushuaia el 1 de abril y afectó a pasajeros de 26 nacionalidades.
En un operativo sin precedentes coordinado por la OMS y España, los pasajeros descendieron en autobuses sellados hacia aeropuertos para cuarentenas en sus países de origen, como Johannesburgo, Zurich y París. Un guardia civil español murió por fallo cardiorespiratorio durante el desalojo, no por el virus.
Emanuel de Daniel, periodista en Canarias, describió la tensión en el puerto de Granadilla de Abona y la preocupación local por el largo período de incubación del hantavirus, que se contagia persona a persona. El único argentino de la tripulación está aislado en un hotel en Ámsterdam con gastos pagados por Países Bajos, pero deberá costear su regreso.
El barco zarpó con 38 filipinos hacia Rotterdam. Países como EE.UU. y Francia repatriaron a sus ciudadanos por sus medios, mientras España envió a los suyos a Torrejón de Ardoz.