Lilita Carrió saluda efusivamente a Fernando Bravo, amigo de décadas, y cuenta anécdota humorística: lloró por "muerte" de novio ficticio de 95 años para marketing, inventando historias desde niña para asustar familiares.
Explica que crea relatos graciosos como su romance con anciano visto en esquina con naranjo, y mamá la llamó creyendo real. Usa humor para ilustrar por qué "lloró con Adorni".