Una panelista cuenta cómo empezó sin vocación, probando ingeniería, sociología, psicología y periodismo sin recibirse, hasta entrar a una radio a los veintipocos y enamorarse del medio.
De la radio pasó al stand-up durante la crisis de 2001-2002, un formato barato que explotó en popularidad porque en crisis el humor levanta el ánimo. Ahora considera el stand-up una parte clave de las artes escénicas argentinas pese a resistencias.
Recuerda llorar en la UBA sintiendo la vida como porquería, pero encontró pasión en el escenario y no se mueve de ahí.