En Secretos verdaderos de colección, un padre narra más de 20 años de denuncias falsas impulsadas por la madre para impedir su vínculo con la hija. En 2003 lo acusaron de amenazas, en 2004 de violencia de género y en 2008 de secuestro, todas desestimadas y con sobreseimientos en primera y segunda instancia.
En 2009 la madre cortó el régimen de visitas; el padre abrazó a su hija por última vez cuando ella tenía nueve años. Nueve años después lo denunciaron falsamente por abuso sexual, implantando falsos recuerdos en la hija, quien fue usada como instrumento en esta crueldad.
El padre desea reencontrarse e intentar una revinculación, que sería sanadora para ambos. Reconoce que es su palabra contra la de otros, pero defiende lo vivido y critica subestimaciones sobre lavado de cerebro. Menciona obsesiones contra personas específicas, instando a dejarla en paz.
La historia destaca la destructividad de denuncias falsas que arruinan vidas y separan familias.